portfolio item name
Juan Gopar: Serie Pinturas 2005. Mixta sobre plancha aluminio 1,50 x 1,50 cm
portfolio item name
Juan Gopar: Serie Pinturas 2005. Mixta sobre plancha aluminio 1,50 x 1,50 cm
portfolio item name
Juan Gopar: Serie Pinturas 2005. Mixta sobre plancha aluminio 1,50 x 1,50 cm
portfolio item name
Juan Gopar: Serie Pinturas 2005. Mixta sobre plancha aluminio 1,50 x 1,50 cm
portfolio item name
Juan Gopar: Serie Pinturas 2005. Mixta sobre plancha aluminio 1,50 x 1,50 cm
portfolio item name
Juan Gopar: Serie Pinturas 2003. Técnica mixta 1,72 x 2,38 cm
portfolio item name
Juan Gopar: Serie Pinturas 2004. Técnica mixta sobre madera 60 x 60 cm
portfolio item name
Juan Gopar: Serie Pinturas 2004. Técnica mixta sobre lienzo y madera Políptico 61 x 94 cm
portfolio item name
Juan Gopar: Espiral de la pintura II 2004. Hierro y algodón 2,50 x 2,40 x 4,70 cm
portfolio item name
Juan Gopar: Serie Pinturas 2004. Técnica mixta sobre madera 60 x 60 cm
portfolio item name
Juan Gopar: Serie Pinturas 2004. Técnica mixta sobre lienzo y madera Políptico 62,5 x 67,5 cm
portfolio item name
Juan Gopar: Serie Pinturas 2004. Técnica mixta sobre lienzo y madera Políptico 28,5 x 52,5 cm
portfolio item name
Juan Gopar: Serie Pinturas 2004. Técnica mixta Políptico 52 x 127 cm
portfolio item name
Juan Gopar: Serie Pinturas 2004. Técnica mixta Políptico 60 x 110 cm
portfolio item name
Juan Gopar: Serie Pinturas 2004. Técnica mixta Políptico 60 x 162 cm
portfolio item name
Juan Gopar: Serie Pinturas 2004. Técnica mixta sobre aluminio 150 x 150 cm

Notas de la exposición

Geografía melancólica

por Orlando Franco

La memoria es un cimiento capital en la constitución de determinadas formulas creativas. Alrededor de ella nace apasionadamente la voluntad artística, ya sea como fenómeno que surge de la propia experiencia, ya sea como elemento extraído de todo aquello que nos viene dado (historias contadas, pasajes leídos,...). El recurso a la memoria se organiza siempre como fuente indisolublemente vinculada a imágenes tamizadas por nuestra capacidad selectiva, derivando de ello todo un complejo universo de códigos que entronca con un concepto esencial: el deseo. Éste es el motor que establecerá los parámetros que se relacionarán entre sí para fundar el armazón estético bajo el que se consolidará el lenguaje de un artista.

Juan Gopar trabaja desde la memoria y lo hace estableciendo una suerte de lenguaje reservado, que se nutre y apropia de aquellos rudimentos que se propician desde un ámbito singular: su entorno inmediato. Éste le suministra un rico filón de ingredientes materiales y, mucho más importante, de pilares conceptuales sobre el que la obra de Gopar encuentra fácil acomodo. Son los restos descubiertos en las orillas de las playas de su isla natal, es la arqueología instrumental que halla frecuentemente entre los aperos en desuso que encuentra en lugares cargados de nostalgia los que despiertan su inquietud como autor, pero también son los retazos de la memoria local (individual y colectiva) factores que intervienen decisivamente en el desenlace de su producción creativa, y que también manipula con sabiduría forzando un propósito que, a menudo, deviene en justicia poética.

Su lenguaje artístico apela a esta fusión de realidad del pasado y a la fugacidad tangencial de los mitos civilizadores del presente, una especie de vanitas reflexiva en torno al espacio / tiempo histórico y su proyección actual. En cierto sentido, sus obras han adquirido una pátina de arqueología contemporánea, es decir, expresan además de su visión de lo transitorio, lo fugitivo y lo contingente, la perdurabilidad de lo eterno y lo inmutable. Se concluye de este modo un vínculo culminante, que podríamos definir por la forma de interpretar la naturaleza que le acoge y por el hecho de que no pretende reproducirla sino que la usa para exteriorizar el reflejo de sus inquietudes.

El tiempo y su discurso, o como pintar sobre la historia y un pasado tan referencial como el presente que le sirve de fondo. He ahí uno de los pensamientos más trascendentales de la obra de Gopar, reafirmando su capacidad para transmitir efectos y afectos, la sensación de la tragedia arqueológica del hombre en el tiempo, en el espeso bosque de su pintura.

La singladura de asociaciones de significantes en el cuadro, de los preexistentes y de los más recientes – el significante acumulativo- nos lleva a una presencia más etnológica y a veces barroca, a una pintura que ya sin ambages reúne, con un nuevo significado, la naturaleza real que tuvo vida y sus objetivos e imágenes. Un conocido aforismo nos introducirá de manera harto idónea en el mundo general del artista, tanto en lo que se refiere a sus aspectos estrictamente materiales como por lo que respecta a los contenidos y a sus implicaciones subjetivas, ontológicas, y, en cierto sentido morales: “como sabemos, en arte nada es creado, todo es resultado de la transformación, la combinación y la traslación”. Juan Gopar es, en efecto, el gran manipulador y el gran narrador que recurre, aparentemente, a cualquier cosa que tiene a su alrededor pero que no halla sino encuentra, dándole a este verbo una acepción esencialmente sinónima a la de buscar; se trata, en definitiva, de que a partir de la idea de la pieza y de sus necesidades materiales preestablecidas, los objetos y los elementos van haciendo su aparición y van ordenándose, como tratándose de una búsqueda en todo momento selectiva, huyendo quizás de la idea de verse a sí mismo hurgando en los restos localizados en diferentes lugares para poder construir historias en base al material encontrado.

En esta pieza el gran formato, cuando el espectador se acerca a él, proporciona una vivencia de gran intensidad. El riesgo surge como elemento de primer orden en una obra que plantea un juego en el que, poco a poco, van definiéndose los presupuestos vigentes en los actos tanto de pintar como de mirar la  pintura. Gopar hace que la mirada se desplace continuamente, en un juego que implica también a la memoria. En este continuo vaivén al que nos somete el artista son muchos los procedimientos que intervienen, entre otros, los procedimientos y lenguajes de la propia pintura y la consideración que en su obra hace de determinados artistas que le interesan: nos encontramos a un Gopar que ha sincretizado con sabiduría, en diferentes registros, los bocados más apetecibles de Rotella, Palermo, Beuys, Polke, entre otras aproximaciones. Todos ello participa para infundirle la duda al espectador: la duda ante su propia percepción, ante la creencia en la certeza de su mirada. Tan pronto como éste cree haber asido la imagen por completo, surge, en el juego de Gopar, algo imprevisto que obliga a empezar de nuevo el proceso de mirar. El azar y el libre trazo se dan cita en su pintura con la estructura deliberada y reflexiva de cada composición. En este sentido, la pintura se dirige más hacia sí misma. Se trata en el fondo de una pintura de raíces hondamente físicas que afloran a la superficie en una gama de colores y densidades sorprendentes que dejan ver las huellas de su proceso de ejecución.

La materia es también historia. Sus cuadros están construidos por capas que se superponen, a modo de palimpsesto. Al igual que la historia la materia se conforma, a medida que pasa el tiempo, en estratos. Por ello la negativa al esquema ilusionista. No es naturalismo sino realidad y Gopar, consciente de la subjetividad de la naturaleza, la crea. Sobre el lugar se acumulan los sedimentos del tiempo. Este hecho de vincular pensamiento, cultura, historia, pintura, delata cuanto menos un presunto anhelo de síntesis que se exterioriza, entre otros, en su concepto de espacio y ausencia de jerarquía de los componentes de un cuadro.

Al final este sistema de relaciones e interacciones que serán tan visibles en la heterogeneidad de su obra, que no en su pensamiento, concluirán en el deseo manifiesto de transformar su entorno, porque todos los componentes de su arte proceden de ese sentimiento. Ello propiciará la relación simbólica entre el concepto y el signo que se vislumbra como resultado en cada una de sus obras, un drama vivido con intensidad desde el manejo de la historia y sus diversas naturalezas, la que aporta al mundo real en la dialéctica de sus vivencias y la utopía del artista.

* Texto escrito con motivo de la VII Bienal de Valencia, 2005